Campanadas.
Ahora que el reloj de la catedral, iniciaba el concierto de las doce campanadas para enterrar el viejo y recibir el nuevo año, se separó de sus camaradas discretamente, empeñados en el ritual de las uvas, y se asomó al balcón de la vieja casa, con los ramalazos de los recuerdos de aquella noche de un treinta y uno de diciembre, cuando en lo más alto de la montaña, ella pensó que los fogonazos que espantaban el silencio nocturno, eran fuegos artificiales de alborozo por el año que llegaba, y no las balas enemigas que le quitaron sus sueños y la vida. Una lágrima rodó por la mejilla del hombre, y con la campanada doce, que fue estallido en el balcón, sangre y lágrima se fundieron, en la euforia de la pólvora y las sirenas de los carros enloquecidas por toda la ciudad.











Remedios la bella dijo
Siempre sorprendiendo en lo poético y narrativo. La nostalgia mata. Un beso.
31 Diciembre 2011 | 05:06 AM