ERNESTO SÁBATO, EN EL TÚNEL DE LA MUERTE
Ernesto Sábato, en El Túnel de la muerte

Lo supe de madrugada, (duermo con la radio encendida), en medio de las noticias nada gratas de estos aguaceros sin pausa, que tienen a Colombia inundada, su infrasestructura vial hecha gelatina, los cerros desgajándose como melcocha sobre las casas de gente humilde, en barrios de invasiòn, y de desplazados del campo, por la violencia paramilitar: Ernesto Sábato, habìa abandonaba estos ámbitos terrenos, donde ùltimamente se habìa consagrado a buscar la reparación de familiares de las víctimas de las atrocidades de la Junta Militar argentina. Recuerdos ingratos de los generales Videla,y Galtieri, este ùltimo,mandando muchachitos aún imberbes, al matadero que fue la Guerra de las Malvinas, para tapar tantos crímenes de guerra, genocidios, y exabruptos de gobiernos militares incompetentes, pelechadores del tesoro y fisco pùblico (El baile de la victoria, filme de Trueba, fundado en la novela de Skármeta, revela esta condición de los sátrapas).
A las nueve de la mañana, aùn con telarañas de sueño-pues suelo dormir el sabàtico hasta tarde-sonò el teléfono. Mi amigo y filósofo de cabecera, para contarme de la muerte de Sàbato. Se fue el humanista, maestro, creo que le dije. Entonces, me recordò del montaje que habìamos hecho para Gestus-teatro, amparàndonos en los pilotes de la novela El Tùnel: el arte, y los celos, para engrandecer la ternura de una Marìa Iribarne, en el caso de nuestro montaje, una cantante al estilo de Liza Minelli en Cabaret, quizà buscando en el contraste, hacer màs notorio el espìritu dulce, maternal, proteccionista que devela la personalidad de la Iribarne.
El Túnel habla del alma de Sábato, un hombre mediador, transido de lo que la religiòn dio en llamar amor al pròjimo, pero que en últimas, es lo que Sábato puso a flote, al buscar esclarecer la verdad sobre las vìctimas de la Junta militar: sentido humano y respeto por el otro. El Tùnel, espeta la voz aguardiontosa de Manuelito por el teléfono,es una novela que debe verse màs allá de la denotaciòn, hay que mirarla con ojos de viviseccionista, es un laboratorio de la condiciòn humana. Los freudianos, tienen un ella un rico filòn, para en Juan Pablo Castel, conejillo de indias, estudiar la neurosis, generada por los celos, y los artistas plásticos y crìticos, aquel debate àun no culminado, del equilibrio en el fondo y la forma de una obra de arte. Le digo a Manuelito, que tanto nos sedujo Marìa en El Tùnel, que se nos quedaron por fuera del comento Sobre Hèroes y tumbas y Abbadòn, el exterminador. Carlos-barbota al otro lado de la lìnea Manuelito-, El tùnel es Sàbato, como Pedro Páramo, Juan Rulfo o Cien Años de soledad, Garcìa Màrquez.




Laurencia19 dijo
Lloro su muerte...lo admiraba más que a otros, único, su forma narrativa, su trasfondo existencialista, ese túnel con el que más de alguna vez me sentí identificada...ay Argivo hoy estamos de duelo y vaya que duele.
Un abrazo.
30 Abril 2011 | 07:45 PM