Jairo Aníbal Niño, se alzó en sus alas de caracolí.
El lunes se me amargó el desayuno. La radio en las noticias de las siete, de manera seca decía que había muerto Jairo Aníbal Niño. En eso de las diez, cuando hice pausa en el trabajo para ir a tomarne un tinto (café negro), al Klaus, me encontré con Manuelito, transido de un guayabo del putas. Sus tías, a las que Manuelito ansía de manera febril heredar, para satisfacer el sueño que tanto lo desvela, de saltar al otra lado del charco, como jocosamente, llama viajar a Europa, para conocer la cultura nórdica (adora las Valquirias, se ensalma con los jotuns, descomunales gigantes, y se ensueña vikingo, por sus ojos azules profundos, y su pelo desmelenado en amarillo de fique escardado), habían organizado un foforro, por los lados del Valle de Riolato, vecino a la autopista de Bucaramanga, donde construyeron, entre caracolíes, guayabos y caobos, una casa campestre, para celebrarle el cumpleaños, eso sin con la condición de que no llevara a la wayú, con la cual vive Manuelito, como dicen sus tías, en pecaminoso amancebamiento. Es que no le perdonan a la wayú, como dice, Margarita, la tía mayor, su ancestro de india patirrajada.

Manuelito, mi filósofo de cabecera, me tómo del brazo, subamos al zarzo, mejor. Arriba hablamos más tranquilos. Me dijo que habían bebido whisky en cantidades industriales, sabes, me celebraron el cumpleaños, para echarme vainas. Que deje a mi negrita wayú, porque còmo es posible que un Mantilla ponga tan abajo el apellido, viviendo con una india. Hoy no me sentí con ganas de ir a la universidad. Dame un aguardiente. Le dije que se pondría peor. No jodás, Carlos, para mordedura de perro, pelos del mismo perro, y no tuve más remedio que pedir una botella. Le serví, el primer trago, mientras prendía un cigarrillo Pielroja, y le comentaba que se había muerto, el maestro Jairo Aníbal Niño.Se quedó mirándome, no jodás, mierda tuya. Se hizo un silencio denso. El nuevo teatro colombiano le debe mucho a Jairo. Te acuerdas de las discusiones de la decada del setenta, Carlos, al interior de la misma Corporación Colombiana de teatro y los festivales?. Le dije que cómo me iba a olvidar, si nos formamos para el teatro, en la discusión de si dramaturgia de Creación Colectiva o Dramaturgia de Autor era lo mejor para encarar el problema de una escritura para el teatro colombiano. En esta útima tendencia estaban jairo aníbal Niño y El teatro libre de Bogotá, Ricardo Camacho, su sempiterno director, Esteban Navajas, Moure, Plata, y en la primera Santiago García, Enrique Buenaventura, Jorge Alí Triana, entre otros. !Qué, carajos¡ lo importante, es que ambas tendencias, por esta dialéctica, que tembién se centró en qué era lo más recomendable: la imagen naturalista, o el realismo, condujo al encuentro de un lenguaje para el teatro colombiano, que en estas confrontaciones, empezò a identificarse con los problemas políticos, sociales y económicos del país, abandonando el panfleto y la pancarta, que fue el precedente para hacer un teatro más nuestro.

Jairo Anibal Niño, que había comenzado su vida con las letras y las artes escénicas, como autor y dramaturgo de El teatro libre de Bogotá, (MOnte Calvo, los colombianos vetereanos de la guerra de Corea, condenados a la mendicidad, y a la psicosis de guerra;Los Inquilinos de la ira, marginales de la violencia política en el campo, exiliados en las ciudades, buscando terrenos de invasión pàra hacerse a un techo; La Madriguera, una semblaza, desde la recreación dramatúrgica del tirano y dictador latinoamericano; El sol subterráneo, la memoración de un militar y una maestra, de la detestable Matanza de las Bananeras), derivaría luego a la narrativa: el cuento (Alas de Caracolí, Puro pueblo), donde iría perfilando esa faceta de la literatura ingenua de niños, en ese tono que ha hecho carrera con Triunfo Arciniegas, y Celso Román. Magia tenían los cuentos de Jairo Aníbal: Un día la ciudad desapareció. De cara al desierto y con los pies hundidos en la arena, todos comprendieron que durante treinta largos años habían estado viviendo en un espejismo (cuento de arena
Desperezándose, Manuelito me miró tras de los lentes de culo de botella, con esos ojos azules revueltos por los estragos del guayabo, Carlos, no sé hasta donde pueda ser un exabrupto o pecado de lesa literatura, pero el Jairo Aníbal, que más me gusta es el que últimamente oficiaba de poeta, con sus versos para niños, sus historias de amores infantiles o de preadolescentes. Me quedo con ese poeta de La alegría de querer. Entonces, me acordé de aquel poema, que sólo, un hombre con alma de niño podía escribir, con ese entusiasmo inocente de El día de tu Santo, y supe que Manuelito tenía razón.

El día de tu santo
te hicieron regalos muy
v a l i o s o s :
un perfume extranjero,
una sortija,
un lapicero de oro,
unos patines,
unos tenis Nike y
una bicicleta.
Yo solamente te pude traer,
en una caja antigua
de color rapé,
un montón de semillas
de naranjo,
de pino, de cedro,
de araucaria,
de bellísima, de caobo y
de amarillo.
Esas semillas son pacientes
y esperan su lugar y
su tiempo.
Yo no tenía dinero para
comprarte algo lujoso.
Yo simplemente quise
regalarte un bosque
NO BUSQUES MÁS TU CUADERNO DE GEOGRAFÍA
No busques más tu cuaderno de geografía.
Yo lo saqué de tu morral.
No quisiste ir matiné conmigo,
el domingo pasado
Mis amigos me contaron
que estabas en compañía de Bermúdez,
el grandote que practica la lucha libre.
Me contaron que estabas muy linda,
y que te reías a cada rato.
No busques más tu cuaderno de geografía.
Ahora que está lloviendo,
asómate a la ventana,
y verás pasar ochenta barquitos de papel.
No busques más tu cuaderno de geografía


















fenicia dijo
Maravilloso leerte.Siempre Argivo.
kisses
1 Septiembre 2010 | 12:57 PM