TOMÁS ELOY MARTÍNEZ, UNA TERTULIA EMBOLATADA


La verdad, desde diciembre cuando emprendimos la aventura de Betulia (expedición al pueblito que se arremanga en una de las laderas de la Serranía de los Yariguíes, allí donde mi hermana Nelly, imparte justicia, y vive una vida muelle, pues la gente se muere de vieja, o de felicidad por tanta paz junta y belleza natural a derroche), no hablaba con Manuelito, mi filósofo de cabecera. Al parecer, su mujer, la wayú, esa morena quemada por los soles guajiros, de pelo azabache, y anatomía de escultura, había entrado en ese trance de celos enfermizos, habituales en ella(a lo Castel el de El Túnel, de Sàbato), y puesto trancas y aldabas a toda comunicaciòn de Manuelito con el mundo exterior.
No joda¡- soltò Manuelito instalados en el cafè Klaus, y aplicándose un doble de aguardiente entre pecho y espalda- .Se disgustó, porque para mejorarme los emolumentos, la universidad me dio unas horas de Epistemologìa, en las noches, y ella no me creyó. Me increpó aduciendo que quizás tenía una moza, y era una excusa para verme con ella, y me dejó encerrado en el baño, a donde la felicidad de evacuar ,urgentemenete, mis desechos instestinales, se convirtió en un tormento, pues por el pánico de quedarme encerrado en el retrete, y morir expuesto a mis propias excrecencias, éstas pugnaron por quedarse, mejor, adentro".
Hacía un calor bochornoso. Manuelito habìa destapado su paquete de Pielroja, y fumaba como un chimbilay. Ahogado en la densa nube de humo trataba de espantarla con las manos. A Manuelito, no hay quien lo pare, en eso de fumar. Le importa un pito la nueva disposición que prohibe fumar en recintos cerrados, y como tiene una amistad de candado con el dueño de Klaus, èste le permite fumar a placer. En una de las treguas a su andanadas de humo alquitranoso, pude por fin explicarle, la razón de que estuviéramos, ahí, en el café entrañable, tenemos una tertulia aplazada, Manuelito. Tomás Eloy Martìnez. Recuerda que te enviè un papel con López a la universidad, en vista de que tu teléfono fijo no contestaba, menos aparecías en el MS, y como no tienes celeular al igual que yo. Lamento lo de la wayù y sus celos. Créeme, Manuelito que si no te infartas esperando la herencia de tus tìas, te va a matar la wayù con sus putos celos. Rió Manuelito, al punto de hacer rodar por el suelo sus espejuelos culo de botella, y para celebrar, se empujó, otro doble, y resopló como un miura al que acaban de echar al ruedo, a mi lo que me mata es no beber aguardiente.
Apareciò, Óscar, al que llamamos el informàtico, porque cacharrea con los computadores, pero sus versos son inmejorables. Saben? Acaban de poner preso al exteniente de la Marina, Roberto Guillermo Bravo, uno de los causantes de la Masacre de Trelew, ocurrida el 22 de agosto de 1972. Tomàs Eloy, denunciò el genocidio en el libro La pasión según Trelew, y por esto fue incluído en la lista de condenados a muerte por la dictadura argentina. Se sentò. Ya le traían un Águila, que bebió luego, como un beduino después de cruzar el desierto de punta a punta. Apunté, que Tomàs Eloy Martìnez , era de ese talante de los escritores comprometidos dualmente con el oficio de escritor y con la vida misma, que es el derecho a opinar, a ser libre, a vivirla en la satisfacciòn de las necesidades esenciales. Por eso su novelística afianzada en la creación literaria, y el fluir del imaginario, proveniente del buen oficio de cronista y reportero, donde quedan espacios en el periodismo para hacer de este oficio, un trabajo no inmediatista, sin gusto por la palabra, sino creativo y cautivante como Mailer, Capote, García Márquez, Cepeda Samudio, Samper Pizano; por eso una narrativa lejana de la pancarta y el panfleto, donde el alma humana (recuerda a Balzac), y el artificio de la palabra se enhebran para encantar al lector. En el reloj de cuerda, de la vieja iglesia, hoy Museo Religioso, dieron las cuatro de la tarde, y el calor ensopaba de humedad la ropa. No quería beber, por eso me habìa tomado unos tintos( café negro), pero màs pudo la sed, y pedì una cerveza. Manuelito, apagò su impajariatble Pielroja en el cenicero de vidrio renegrido de carbòn, no sè...Tomàs Eloy, tiene una virtud antinómica a la de García Márquez, y eso lo hace grande como fabulador: a cambio de Gabo, que hace creíbles situaciones con personajes, que a pesar de su contexto histórico, son ficticios, Eloy Martìnez hace fictibles eventos reales, con personajes históricos, sin que el lector los desprenda de su historicidad. Obsérvese el caso de unos personajes como Evita y Peròn, reiterativos en su novelística (Santa Evita, La novela de Perón).
Óscar, después de un bostezo, que no es por hambre ni por aburrimiento, pues come como un pajarito, y le entusiasman a morir las tertulias como la cerveza, aventura, apoyàndose en una aseeveraciòn de Gabriel garcìa Màrquez, dicha en la planeación de los talleres de periodismo en cartagena, para el 94, que Eloy, es más periodista que novelista, y dice que no es gratuito que Gabo haya dicho que "TOmás Eloy es el mejor periodista de la lengua castellana". Manuelito, con las gafas culo de botella nubladas por el humo de su Pielroja, y los aguardientes que llueven màs en sus lentes, que sobre su boca, bizqueando, mira Òscar, dejèmonos de pendejadas, el periodismo siempre ha estado en la literatura y la literatura en el periodismo. La Ilíada y La Odisea, sin importarnos un carajo, si las escribiò Homero o no, que pràcticamente, marcan el inicio de la literatura, antes que poemas èpicos eran noticias, registros de una guerra y de una aventura de regreso de la guerra de un rey (Ulises), en abstinencia carnal, enfebrecido por la notstalgia del cuerpo de Penèlope. NO joda¡ no le pongamos fronteras a los gèneros. Entonces se me vino a la memoria, la ùltima columna de Eloy, en El Espectador, antes de que se lo llevara el cáncer, hermosamente poética, tierna, que junta los géneros literarios, borra las fronteras entre los géneros escritos que se apoyan en la palabra:
El poni de Juanita
Por: Tomas Eloy Martínez
HACÍA ALGÚN TIEMPO QUE NO asomaba a mi memoria la imagen de Luigi Scotto, el extraordinario reportero gráfico cuyas imágenes fueron la carta de identidad de El Diario de Caracas durante al menos un par de años: los que van de 1979 a 1981.Scotto llegó a El Diario con una colección de las fotos que los jefes de redacción convencionales desechaban, arrojándolas a los cestos de desperdicios.La imaginación amazónica de Luigi debía de provocarles vértigo. Y en verdad, él había aprendido en las mismas selvas del Amazonas a desdeñar los lugares comunes y a registrar sólo aquellos donde la realidad se pliega.
Luigi se había casado en el Amazonas con Irena, una india makiritare con la cual tuvo una hija bellísima de ojos azules y rasgados, por la ascendencia véneta del padre y por la belleza oscura de la madre. La niña se llamaba Juana y gracias a ella Luigi ha regresado a mí con uno de los cuentos más conmovedores que conozco.A mediados de diciembre llevó a Juana al Parque del Este en Caracas y la hizo pasear en un poni del que la niña no quería bajarse. Días más tarde recibió una carta llena de dibujos de amor en la que Juanita le pedía un poni como regalo de Navidad. Luigi le preguntó a su mujer qué hacer. Irena era una india muy sensata, en cuyo juicio el fotógrafo confiaba ciegamente.
Cuando averiguaron cuánto podía costarles el regalo, desecharon la idea de inmediato. La madre quiso saber si a Juanita le daba lo mismo una gran foto de un poni tomada por su padre, o al menos uno de esos ponis de madera que se venden en las jugueterías.La niña no aceptó sustitutos. Llorando sin consuelo se quejó de que sus padres la hubieran llevado a pasear por Parque del Este. "¿Para qué?", dijo. "Ahora que se dejo montar por mí, quiero ese poni. Él ya sabe que es mío. No va a querer ser de nadie más".
La víspera de Navidad, Luigi no podía con su alma. La expresión de desconsuelo de la niña reaparecía en su memoria cuando veía a otros padres caminando de la mano con sus hijos ante las jugueterías de la ciudad tumultuosa.A media mañana del 24 apareció en la redacción de El Diario y pidió un préstamo de misericordia para pagar lo que le pedían por un poni. Era el equivalente de su sueldo de dos meses, pero estaba dispuesto a lo que fuera con tal de acallar en su corazón los sollozos de Juanita.
Antes del anochecer fue al Parque del Este en busca de un paseador que le dijera quién le podría vender un poni. Le dio una dirección en las afueras de Caracas, y hacia allí fue Luigi, pero el dueño del animal resistió sin la menor compasión todos sus intentos de regateo y sus declaraciones de pobreza. Le dijo, con razón, que el poni le daba de comer y que no sabría qué hacer si se desprendía de él.
Desolado, Luigi regresó al edificio de departamentos donde vivía, en un séptimo piso de Los Palos Altos, y distinguió una luz en la ventana de la que debía de ser su casa. Adivinó la cara de Juanita al otro lado, esperando con impaciencia la aparición de Papá Noel llevando al poni de las riendas, y no se creyó capaz de soportar la desolación de que lo viera llegar con las manos vacías.
Al día siguiente nos contó que estuvo a punto de echarse a llorar en la puerta del edificio. De la desesperación lo rescató un vendedor de raspados (esos refrescos de esencias dulces que se venden en Caracas, mezclados con agua gasificada y hielo rallado). Fue un encuentro de providencia, porque el carrito del vendedor estaba tirado por un jamelgo que, si bien exhibía una piel castigada por años de latigazos inclementes, tenía, en la penumbra, una remota semejanza con el poni del Parque del Este.El fotógrafo ya no dudó. Volvió a levantar la cabeza y, esta vez sí, encontró en lo alto la esperanzada mirada de Juanita. Repitió todos los argumentos para ablandar al vendedor y convencerlo de que le cediera el poni.La suma que le pidió era inalcanzable, aun con todos los préstamos que Luigi había contraído. Decidió entonces ofrecer su cámara para completar el precio, y tuvo la fortuna de cerrar el trato.
No bien se sintió libre de las varas del carrito, el poni se negó a obedecer las órdenes del fotógrafo, y cuando Luigi quiso obligarlo a trepar los siete pisos de su departamento, tropezó en cada peldaño con una inmovilidad de acero. A duras penas llegó a las puertas de su casa y por fin, en el primer minuto de felicidad del día, vio que Juanita le abría los brazos, con un ademán luminoso.Aún entonces, el poni se negó a entrar, pero la esposa de Luigi le deslizó algunas órdenes en la oreja que lo amansaron de inmediato."No puede estar dentro de la casa mientras no sepamos cómo se comporta. Podría darle a la niña una patada traicionera", advirtió la esposa."¿Por qué haría eso?", respondió Luigi. "Es un animal dócil, tan manso como los bambis del Parque".
"No todos los bambis son mansos", le replicó la india, que tenía años de familiaridad con los animales silvestres. Y luego dejó caer una frase que se abatió sobre Luigi como un latigazo:"Además, lo que trajiste no es un poni", señalo la mujer. "Es una mula".El fotógrafo observó bien al jamelgo y al instante se dio cuenta de su error. Lo habían confundido la fuerza de su deseo, los esperanzados ojos de Juanita en la ventana y la penumbra de la ciudad.
Al día siguiente, cuando volvió a El Diario y nos contó la historia, lo abrazamos para tranquilizarlo y estuvimos a punto de pedirle que se olvidara de sus deudas. Pero él no dejaba de repetir:"¿Cómo pude confundir un poni con una mula? ¿Cómo pude ser tan idiota?"."Sos lo contrario de un idiota, Luigi", le dije. "Te pasan las cosas porque estás acostumbrado a ver antes que nada los dobleces de la realidad y una mula es justamente el animal donde la realidad se dobla. Tu hija es afortunada porque puede ver lo que nadie más ve. Y si ella también vio un poni es porque fuiste vos quien le enseñó a mirar".










deseosinfin dijo
El relato del pony no tiene desperdicio..
Fue un gran periodista y tambien escritor.
Merecido homenaje ante su muerte..
Decia ELoy Martinez que lei en Wikipedia :"También él está mirándose a sí mismo. Un súbito destello de la luna se ha posado sobre su cuerpo y le permite ver su perfil en el otro espejo, el del cuarto vacío. Lo que el espejo le revela, sin embargo, es un eco de su propio ser, y de ninguna manera él mismo. Un hombre no puede ser él mismo sin su pasado, sin la fuerza que irradia ante los otros, sin el respeto y el temor que inspira. Un hombre nunca es el mismo a solas…"
Gran verdad...
Saludos desde el sur
20 Marzo 2010 | 09:46 PM