Estaba en el café Klaus -contraviniendo la dieta de recuperación- con una una humeante taza de tinto, cuando se apareció Manuelito, mi filósofo de cabecera. Hace unos días habíamos recalado en Bogotá, a fines de mayo, para escuchar a los poetas, que se presentaban en El XVI Festival Internacional de Poesía. Nos parecía mentira que el festival ya fuera por su décima sexta versión, y que a pesar de la consideración general de que la poesía oficia como un ritual para catecúmenos, los recitales y tertulias tuvieran la atención y el aplauso de una gruesa audiencia. Recintos -prácticamente- atiborrados.
Pedí un aguardiente para Manuelito. En esa hora de las tres de la tarde, y con el aguacero de sol que estaba cayendo sobre Piedecuesta, sabía que le caía bien un aguardiente para mitigar el calor. ESo lo había aprendido de observar sus manías con espíritu de etólogo, porque Manuelito era un animal de costumbres. Ápurando el aguardiente en espaciados buchecitos (así arrancaba, y luego había que traerle la botella, porque se empujaba en seguidillas las copas entre pecho y espalda de un solo jalón), nos pusimos a memorar el festival de poesía capitalino. Me gustó la muestra iconográfica mejicana -dijo Manuelito-, en especial por la memoración de Octavio Paz, un poeta al que siempre he considerado navegante entre versos nacionalistas y reflexivos de códigos cifrados, naturalmente de una estatura ecuménica. Indudableme,de una poética universal, metí baza en el asunto.Por algo le otorgaron el premio Nobel de Literatura. A mi, realmente me llamaron la atención dos cosas del festival: la presencia de más de cincuenta poetas colombianos en este certamen, más desconocidos que conocidos, comprometidos con el buen ejercicio de de la palabra figurada, y la participación de bardos de Argentina, Brasil, Cuba, Chile, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y, naturalmente, México, el país invitado de honor.
Por el quinto aguardiente, Manuelito, sacó de su maletín, orondo, una memoria. Aquí tengo grabados de viva voz , a algunos de los poetas asistentes al festival. ESto es un tesoro, me decía, esto es un tesoro, mientras trataba de llenar la copa con su ya nerviosa mano diestra, y blandía en la izquierda su tesoro. Para tener un recuerdo del festival, yo había comprado una antología, hecha más al arbitrio de sus editores, apresurados por el tiempo, que de los cánones del juicio y la sindéresis literaria, ante la memoria de mi filósofo, no era más que un objeto sin valor alguno. Manuelito apretó un botón, y como el ábrete sésamo del cuento de Ali Babá y los Cuarenta Ladrones, brotaron los versos de Juan Bañuelos de México, transidos de espíritu fraterno, de calor solidario por la vida: "...a los niños que sueñan en las frutas/ y a los que cantan canciones sin palabras en las noches/ compartiendo la muerte con la muerte/ los invito a la vida/ como un muchacho que ofrece un manzana,/ me doy fuego/ para que pasen bien estos días de invierno. /Porque una mujer se acuesta a mi lado/ y amo al mundo"; Roberto Genta del Uruguay, es memoria detenida en el tiempo de la noche urbana "En esa hora,/ en el vientre mismo de la urbe,/ desde la terraza de un décimo segundo/ piso / in hombre piensa en una mujer,/ en un fallido negocio,/ Mira la ciudad en suspenso,/ el paisalje./Quiere desentrañar el misterio/ de aquella fotografía."; Marcos Sílber, en un poema épico y político, sin caer en la pancarta, junta voluntades de clase para luchar por un mismo propósito: "...algunos peones blancos y algunos peones negros/ se inmolan entre glorias y clamores/ y la caballería carga/ contra una defensa sin demasiado futuro./Rey y Reina se agazapan se recluyen./El vigía de la torre alerta:/"En el bosque crecano, peomes negro/ y peones blancos acuerdan, se reúnen"./ Del bosque cercano/ llegan como murmullos de vientos insurrecto,/ him,nos de peones blancos y peones negros;/ una misma canción."; Pablo Maire de Chile entre lo onírico y lo críptico, "aquellos lápices ebrios/ escriben mal el género de este, su varón/ en un mundo de peajes.../ Al menos son valinetes las lunas,/ que van contra la pared/ hacia el lado de la mano de alzheimer,/ que mete su llave en el espejo/ y adivina la edad de la edad", y de Venezuela, Ernesto Román, en una especie de haicú, proponiendo un erotismo sutil, "cuando ya tu casa/ esté irreconciliablemente dormida(un rato después de las doce en punto de los búhos)/ imagíname derramanda mi lenguia en los dedos de tus pies/ rompiendo un pequeño paquete/ repleto de caballos de Troya".
Ya por el décimo trago, Manuelito se levantó alzando la copa. Brindemos por la poesía. La poesía es como el amor. No tiene fronteras. Puede más la poesía que la diplomacia y la política. Hace sentar en una misma mesa a poetas de pueblos que los separan grandes diferencias, al aparecer irreconciables, y los pone a cantar un hinmo de amor y fraternidad.! A la mierda la doplomacia hipócrita y la política falaz¡, y se desplomó sobre la silla, dejando caer la cabeza y las manos sobre la mesa de manera aparatosa,rodando por el suelo la botella de aguardiente vacía, la copa, y la única taza de café que me había bebido en esta tarde de sábado. Sabía que la función, aún no terminaba. Tenía que llevar a Manuelito, a la casa de sus estiradas tías solteronas, y sabía por experiencia reiterada, que me gritarían, como si el tiempo no hubiera pasado por la piel del filósofo, y fuera todavía el jovencito que se destripaba las espinillas con saña frente a un espejo y no el cuarentón que ya peinaba canas, !Carlos, usted no tiene perdón de Dios. Va directo al infierno que se las pela, por andar emborrachando al inocente de Manuelito. Entonces sonreí, cuando el taxi tomó por la calle de Las Ánimas, donde viven las tías solteronas de mi filósofo de cabecera, en una imponente casa colonial.
lucia3 dijo
Que maravilla poder asistir a un certamen de poesía, y contar con un buen amigo-filósofo con quien después comentar, qe es un poco volver a vivir los momentos más interesantes,(como en la moviola del futbol.).
He tomado nota de los nombres que citas porque al único que conozco es a Octavio Paz, a los demás los buscaré y leeré.
Gracias por compartir con nosotros tus buenos momentos.
Un abrazo.
10 Junio 2008 | 09:01 AM