TOMÁS CARRASQUILLA, EN LOS CIENTO CINCUENTA AÑOS DE SU NACIMIENTO PARA LA LITERATURA COLOMBIANA
Siempre he pensado que hay críticos, y tendencias literarias que buscan literalmente "cagarse" en los narradores y poetas que toman la literatura de manera visceral, sin posturas existenciales o políticas, y que escriben desde la palabra misma para decir cosas de la vida, porque es ella la que la nutre, desde que se comuniquen en el equilibrio del fondo y la forma (no desestimo la literatura política y testimonial, siempre que no caiga en la pancarta o el panfleto).
Quienes comparten conmigo el afán de escribir, y lectores de literatura cercanos, siempre me han preguntado, cuáles novelas, en el ámbito de la literatura colombiana, considero como las más relevantes, y en la lista siempre está, al lado de las nuevas inclusiones, La marquesa de Yolombó, del escritor antioqueño, Tomás Carrasquilla. Novela vilipendiada por críticos y detractores de la voz regional, porque se apega al costumbrismo, y a un lenguaje popular, que tomó de su empinado Santo Domingo natal, como si para escribir tuviéramos que renegar de la tierra, que sería renunciar al derecho a la identidad.
A Tomás Carrasquilla, que el 17 de enero cumple 150 años de haber parado en el planeta tierra, en Santo Domingo (Antioquia), al fin se le reconoce el mérito de su escritura literaria. El Ministerio de Cultura, conmemorará este centenario y medio de su nacimiento, evento que demostrará a sus detractores que si era novelista, y no novelador, porque se valía del lenguaje popular, las costumbres y el paisaje, para desde éste ámbito potenciar las virtudes de sus personajes, de esa gente paisa que hace carrera en Frutos de mi tierra, su primera novela, y la misma que emerge en La marquesa de Yolombo, para mostrarnos cómo fueron formándose los pueblos mineros de La Colonia en Antioquia; y para hablarnos, luego del temperamento de hombres con personalidad universal, como el Peralta, de A la diestra de Dios Padre, uno de los mejores cuentos de Carrasquilla, y que el desaparecido dramaturgo, Enrique Buenaventura, llevó a las tablas con El Teatro Experimental de Cali.
En Peralta, se observa el espíritu aventurero del paisa, ese que es capaz de jugarle el alma al diablo, para una noble causa. Y, en la Peraltona, a la mujer precavida, preocupada más por las cosas de la casa y su dominio, su mundo es el hogar, donde manda y ordena. Por ello, no extraña, que se hable del matriarcado de la mujer en Antioquia.
En el perfil de la mogiganga, especie de obra de teatro montada por campesinos para las fiestas, acontecimientos sociales y familiares, Buenaventura logra con su obra teatral, una versión muy atinada de A la diestra de Dios Padre, haciendo hincapié en el habla popular, que se nota, en parlamentos de la Peraltona, no alterados del cuento original, como cuando le reclama a Peralta, su hermano, la pérdida de la casa en el juego, y éste le dice que fue por cosa de Dios, por lo que ella le espeta, que "fue cosa de vos y del condenao vicio del juego que te llevará a los infiernos. A los dos nos dejó esta casa nuestro padre, después de deslomarse toíta la vida con el azadón y vos vas y la golvés humo con meniar la mano. Ahí verás cómo me pagás mi parte."*
Tomás Carrasquilla, será recordado en los ciento cincuenta años de su nacimiento, para bien de la literatura colombiana, y desasosiego de sus enjuiciadores. Ojalá, su obra sea editada, en esta ocasión, en una colección popular, que pueda llegar a todos los colombianos, y no se convierta la edición de sus libros, en ejemplares costosos, a los cuales las clases populares y menos favorecidas no pueden acceder, y terminen siendo alimento de las polillas y el gorgojo, o condenados al olvido en bodegas inhóspitas.
*BUENAVENTURA, Enrique. Teatro. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1977



Señora Nostalgia dijo
Precisamente creo que el éxito de Carrasquilla estuvo en echar mano de lo autóctono para destacar la sencillez y la belleza de ciertas regiones de Colombia y de sus habitantes, por encima del snobismo y la superficialidad de otros. Quien conozca de literatura, por envidioso que sea, tendría que acabar por reconocer que es una buena novela. Merecido homenaje. Un saludo. Madeleine
17 Febrero 2008 | 02:53 AM