Creo que nadie pone en duda que una pena de amor, duele con el encono de una espina. Eso que los caldenses llaman tusa, es duro de sacar de allá adentro. Y peor, si la tusa o pena de amor, se combina con el vulgar encoñamiento, mezcla explosiva, porque el dolor por la pérdida o el desaire de la pareja, lo genera el evento de no contar en adelante con la dual satisfacción del afecto y la relación carnal. Algo así como la historia de JUan Pablo Castel y María Iribarne, en la novela de Sábato, El túnel. La tusa de Castel la genera el perder el amor de María y el placer que le produce penetrarla, así resulte escabroso el diagnóstico. Pero es la realidad: Castel está enamorado y encoñado hasta el delirio de María. Y, eso fue lo mismo que pensé de Manuelito, mi filósofo de cabecera, cuando me lo encontré hecho un desastre, en el Parque La Libertad, de Piedecuesta.
La última vez que nos vimos, fue el 23 de diciembre del año pasado, cuando me invitó a tomarnos unos whiskys en el Café Klaus. Acababa de recibir el pago de un proyecto extra, contratado con la universidad donde dicta clases, y quiso celebrar conmigo. El de ahora, era distinto, polo contrapuesto, porque estaba abroquelado a uno de los escaños del parque, ojeroso, barba de enfermo, pelo sucio y desordenado, y ropa de tres o más días de puesta. Qué le ocurre, Manuelito, quise preguntarle. Se rascó la cabeza cuando me vio, !no me joda la vida¡y volvió a clavarla en el piso. Definitivamente no quería hablar, pero no podía dejarlo en ese estado. Y, me acordé de una fórmula para persuadirlo: Manuelito, vamos a tomarnos aguardientes. Le encanta el aguardiente, más que el whisky. Se paró como un resorte, pero nos los bebemos en el Klaus.Yo llevaba un DVD del cantautor brasileño, Caetano Veloso. Lo había visto en Corferías, en Bogotá, en agosto del año pasado, inmenso, dramático, cuando cantó la María Bonita, de Agustín Lara.
En el café, anestesiado por los primeros aguardientes, me contó que estaba dolido con Candela, su novia, porque la había visto salir de un motel con un amigo suyo. Lo verraco, es que la quiero tanto que no puedo perdonarla. Más cuando nos juramos decirnos la verdad, si el uno se cansaba del otro. Por qué no vemos el DVD de Veloso? Y, sin esperar a que me respondiera, le pedí el favor al dueño del Klaus, que lo pusiera. El café presta el servicio de pantalla grande para videos y karaoke.La pantallase llenó con la presencia de Veloso, y su Ay Amor, canción de perfidia, donde Caetano revela su capacidad poética, cuando clama, que, amor, yo sé que quieres llevarte mi ilusión/ Amor, yo sé que puedes también llevarte mi alma / pero, ay amor, si te llevas mi alma/ llévate de mi / también el dolor/ lleva en ti todo mi desconsuelo / y también mi canción de sufrir. Manuelito pidió parar el video, porque tenía que hacer una acotación. Volvía a ser el que era. El controversial, el crítico, el sentencioso, mi filósofo de cabecera. Sabe, se quedó mirándome, Veloso sabe sacar el despecho con elegancia de la palabra en sus canciones, a contrario sensu de los mejicanos, que, aclaro, hacen buenas canciones de despecho, pero lo expresan en el lenguaje del vulgo, por eso la ranchera tiene más público, y la música de Veloso, auditorios selectos.
Caetano Veloso es un poeta de la canción, a la manera de Chico Buarque, Silvio Rodrtíguez, Pablo Milanés, Serrat, Sabina, Horacio Guarany, o el mismo Víctor Heredia, pero tiene además la virtud de ser cineasta, y de haber sobrevivido como Heredia a la persecución de las dictaduras, le comentaba a Manuelito que sólo de oídas sabía de Veloso. Escuchamos luego Beleza Pura, Cahuina, Capullito de alelí, Fina estampa, Cabelos Brancos, entre otras, y finalmente, un dúo con Pablo Milanés, en Comienzo y final de una verde mañana, menos amarga, canto de fino erotismo, celebración de la mujer:
Déjame despertarte con un beso
en la verde mañana que te espera
déjame celebrar la primavera
en el hermoso largo de tu cuerpo.
Déjame recorrer ese universo
que conozco sin límites y fronteras
déjame descansar sobre tu pecho
que calienta mi piel como una hoguera.
Déjame repasar tus accidentes
detenerme a palpar cada medida
humedecer tos ojos y tu frente
y penetrar el fondo de tu vida;
déjame demostrar que diez noviembres
purifican el alma y el deseo
que al abrazarte aún mi cuerpo tiembla
y relajado en paz me duermo luego...
A las once de la noche, con los pies ya fuera del café, esperábamos un taxi. Manuelito, se acercó y me dijo al oído, confidencial, Veloso me ha devuelto la fe en el amor, voy a perdonar a Candela, y como en su canción esta noche llegaré a su cama, y le diré, déjame recorrer ese universo/ que conozco sin límites y fronteras/ dejáme descansar sobre tu pecho/ que calienta mi piel como una hoguera, y sin darme tiempo de subir al taxi, se fue dejándome íngrimo, y sintiendo los estragos del aguardiente, en la cabeza y el estómago.
Juanita dijo
¡Hola!!.......... sencillamente:MAGNIFICO me encantó tu relato, la hiciste de nuevo, maestro. (cuando oímos y vemos el DVD??) saludos.
26 Enero 2008 | 03:59 PM