NORMAN MAILER, reportaje y crónica, para renovar la novela, la herencia que deja a la literatur
La primera novela que leí de Norman Mailer, sin saber quién era, y menos tener una idea de su estatura literaria, fue Un sueño americano, texto que me sorprendió con el mismo impacto de cuando me asomé al mundo narrativo de otro grande de la literatura norteamericana, Henri Miller, en su Trópico de Cáncer.
Si Miller me asombraba por hacer de la novela una ruptura de la tradición de escribirla en la linealidad del principio, nudo y desenlace, proponiéndola más como retazos personales, por no decir que biografía íntima, marcada por un erotismo capaz de ruborizar a la más procaz y desvergonzada de las mujeres, o al más bajo de los chulos de los lupanares parisienses, Norman Mailer, me deslumbraba, porque bien podía hacer de una crónica o reportaje una gran novela, o de la misma novela una gran crónica o reportaje.
La literatura de Norman Mailer, con toda su robustez, no es el producto de lo gratuito, sino de la fusión de periodismo -desde la crónica y el reportaje que permiten la ficción- y novela. Si se observa La canción del verdugo (premio Pulitzer), se pega Mailerde la crónica, para tomar un personaje vigoroso, el asesino en serie Gary Gilmore, y darle a su historia altura novelística. Mailer, es de esa cuerda de Truman Capote (A sangre fría), Gore Vidal, y por qué no Gay Talese, que rompieron las fronteras entre el periodismo y la novela, y fusionaron los géneros, hasta tal punto que uno como lector, no logra intuir dónde está la ficción que aporta la novela, y dónde la realidad, que precipita en el texto la crónica o el reportaje.
