"LA PIEL DEL CIELO", DE ELENA PONIATOWSKA
A Elena Poniatowska la conocía por referencias y comentarios en la revista mejicana,PLural, de sus cuentos en "De noche vienes", pero no había tenido la oportunidad de tangibilizar alguno de sus libros, a pesar de su producción novelística, de crónicas y ensayos sostenida. Buscando por ahí, en esas librerías de viejo me encontré con una novela suya, si se puede decir, reciente, que no me explico por qué este destino de rebrujo: "La Piel del cielo", premio Alfaguara de novela 2001*.
Poniatowska, olfatea uno -a pesar de haber nacido en París, y haberse radicado en México desde 1942- ser de origen polaco. Peculiar en ella son sus posturas sociales, por ello no extraña categorizarla como una mujer comprometida.
En "La piel del cielo", a pesar de ser una novela que busca rendir homenaje a la astronomía mejicana (la cultura azteca se caracterizó por deslumbrar con su mirada al cielo para desentrañar el tiempo, astros, y demás cuerpos celestes con gran propiedad, a pesar de su miticidad), en el personaje de Lorenzo, se nota el compromiso con los de abajo, como diría Azuela. Lorenzo, quien logra -a pesar de su origen campesino- encumbrar como gran astrónomo (de algo le sirvió tener en el campo, el cielo abierto y limpio para ensoñarse con las estrellas), devela a una Poniatowska, que no reconoce la inteligencia y la capacidad del saber, sólo en quienes asumen el poder económico. Los desheredados, también, tienen la virtud del pensamiento para los menesteres de la ciencia. Quizás esa sea la tesis de la novela.
Pero como al fin, se trata de una novela, y la ficción es uno de los intereses de este género, para dar paso al imaginario creativo, el sufrido "Lencho", como le dicen familiarmente a Lorenzo, tan distante él de las cosas del amor, por esa pasión suya, fuera de la cual nada existe, de abrir sus telescopios, en las noches despejadas, al cielo para desentrañar sus secretos, ya viejo se enamora y sufre por una tal Fausta él que sólo era animalidad sexual con las mujeres.
Para su desazón, cuando cree que es hora de construir el sueño de unos hijos, con Fausta, y la busca, ya no está. Se ha ido para no volver "nunca jamás"
*PONIATOWSKA, Helena. La piel del cielo. Madrid: Punto Lectura, 2002.

alexis dijo
esta bien chida la novela
23 Marzo 2009 | 08:57 PM