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LA JOROBA DEL CAMELLO

COMENTANDO LA CULTURA Y EL ARTE CON ESPÍRITU CRÍTICO

15 Mayo 2007

ADIOS A JOSÉ BARROS, UN POETA DE LA MÚSICA POPULAR COLOMBIANA

La poesía no es obra exclusiva de quienes manejan la palabra para la literatura. La poesía está también en la pintura, en el teatro, en la música clásica donde se ausentan los vocablos, y con mayor razón en la música letrada. José Barros tenía esa virtud de ser un poeta de la música, no sólo por sus letras, sino también por la melodía. En él, sin exageración, se conjuntaban la palabra y los arpegios para hablar de una región de ensueño, el Bajo Magdalena, con pueblos encantadores como Mompox, tierra de orfebres, especial para el mago Melquiades de Cien Años de Soledad, el hacedor de los pescaditos de oro; El Banco, mirada franca al río madre de Colombia, en su camino a Bocas de Ceniza, para hacer maridaje con el mar Caribe.
Se fue, José Barros, el de La Piragua de Guillermo Cubillos, un hombre tan legendario como el mismo Buendía que fundó Macondo, inmortalizado en esa cumbia que canta la declinación ("ya no cruje el maderamen en el agua") de aquella nao de río, con doce bogas en los buenos tiempos, y ahora abandonada en la arena, a la espera del olvido, que es muerte.
El banqueño José Barros, el de cara achinada, de lentes amplios, y gorra inmancable, que compuso para la Sonora Matancera, Mompoxina, y que la cantara Nelson Pinedo, se cansó de vivir. Ya eran 92 años de vivencias entre dulces y amargas (más las últimas). Lo alentaba para seguir viviendo, la música, pero le hundía la espina en el corazón, el tener que pelear duro para que le hicieran efectivas las regalías. Quién iba a pensar, entre quienes reconocían un Barrios meramente tropical, que hubiera hecho bambucos y pasillos, boleros y tangos. Muchos juran que Pesares, ese pasillo de amor desencantado era de Jorge Villamil. Pero no, lo compuso José Barros, que se bebió el mundo en un periplo largo, para volver a la tierra, y cantar Arbolito de Navidad, y seguir componiendo para que las disquerasinflaran sus capitales, mientras él, lleno de nostalgias y dolores, se sentaba en su mecedora de mimbre, a ver pasar el río, por donde alguna vez navegaron Cubillos y Pedro Albundia, los de su inmortal piragua.
No es extraño que los mompoxinos y los banqueños, ahora que el maestro José Barros, se embarcó para su viaje último, lo vean pasar en las noches, aferrándose al maderamen de La Piragua, al lado de Guillermo Cubilllos y Albundia, para hacer tránsito a ese mundo donde los sabios y filósofos dicen que uno encuentra la paz definitiva.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

rosario

rosario dijo

hola buen escrito eh leido poco de él.... en realidad no mucho...

espero estes bien visita mi blog

saludos!!!!!!!!!!!!!!!

15 Mayo 2007 | 05:59 PM

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LA JOROBA DEL CAMELLO

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Un apasionado de los libros y la escritura literaria desde el ensayo, el comentario, la crítica, la novela, el cuento y la dramaturgia. Dirijo Gestus-teatro, revista La Medusa, y la tertulia poética, Tras las huellas del poema. He publicado: Ha llegado la hora (cuentos, premio UIS)); La Candelaria: identidad cultural, dramaturgia nacional (Entrevista y ensayo a cuatro manos con Álvaro Ramírez Ortiz); La sombra de la máscara (cuentos). La saga del último de los duros (novela); Antología: Primer concurso metropolitano de poesía: ganadores y finalistas. Bucaramanga: Instituto municipal de Cultura, y Páginas de Arena (poesía, junto con Mariela Basto, Juan Remolina, y Óscar Delgado)

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