La mujer de los pezones en vid
El hombre siempre había ansíado la mujer de senos turgentes, del primer piso. Especulaba que sus pezones debían ser sápidos y grandes como uvas. Se soñaba apretándolos delicadamente con sus labios, y un escalofrío le recorría el vientre erizándose su sexo, hasta mojarse. Le extrañaba que a la mujer no le duraran sus amantes, pues cada semana la observaba con uno distinto, pero curioso, que éstos desaparecieran como por ensalmo. No se les volvía a ver revoloteando por el apartamento de la codiciada mujer.
Una noche el hombre de marras, entró a un barcito que quedaba cerca a su apartamento. Un lugar discreto y afable, donde se escuchaba buena música cubana y caribeña(La orquesta Aragón, Matamoros, Blades, Lavoe y Joe Arroyo...), y vió una mujer sentada sola en la barra, que se le pareció a la de los senos turgentes. Se le acercó, y sí, era ella. Bebía ron con cocakola. Se sentó sin hacerse notar. Pidió un whisky doble en las rocas, y un paquete de cigarrillos del fuerte, Pielroja. Cuando encendía con su fosforera de gas el cigarrillo, la mujer le pidió uno, con una voz que él no sabía definir entre dulce, educada o pedante por la afectación. Él le dijo, con mucho gusto, y le pasó la cajetilla. Ella tomó uno y él le dio lumbre. La mujer chupaba con delectación el cigarrillo, y luego dejaba salir el humo formando graciosas volutas , que iban a dar a la cara del hombre. A él le hacia gracia. Vives en el mismo edificio donde yo vivo, ¿ Cierto? El apenas pudo balbucear sí, porque estaba desconcertado. Por su pensamiento, nunca había pasado la idea, de que ésta mujer, que consideraba inalcanzable, reparara en él. Quiero whisky, y lo miró de frente, dejándole ver sus grandes ojos grises, y su boca carnosa. Él golpeó la barra para llamar la atención del barman. No chiquillo, le tomó la barbilla, quiero whisky pero de tu vaso, y la mujer bogó el whisky hasta el fondo.Y, así whisky tras whisky, bebiendo de un solo vaso, y él atreviéndose a besarla, en la pausa que dejaba el trasiego del licor, soñaba el momento de desnudarla en su cama, y exprimir con su boca sus pezones de vid. Ella pareció adivinar sus pensamientos: vamos a mi cuarto. El hombre pagó la cuenta, y trastabillando llegaron al piso de la mujer. Ella prendió el equipo de sonido, y dejó sonando a Blades con Pedro Navajas, mientras iba al baño. Cuando regresó él la vio desnuda, piel de alabastro, los pezones erguidos, y la aureola roja, carnal como los mismos labios de la mujer. La atrajo, y ansioso chupó sus pezones, botones abiertos, sin pausa, y supo, entonces, enel breve instante de lucidez, que le permitió el adormecimiento en que entraba, por qué los amantes no volvían a frecuentar a la mujer de los pezones en vid.
