Le dio vueltas con todas la fuerzas del alma, como queriéndola arrancar de cuajo, a la ruleta de deshojando margaritas, y luego dejó caer en ella la bolita de la suerte, sin quitarle la vista de encima, mientras rebotaba entre los espacios intercalados del me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere... en un tiempo para él eterno, más largo aún cuando el rodar de la ruleta se hizo lento en su agonía hasta quedar, finalmente, paralizada, y el disparó sonó frío y metálico en la mudez de la noche.
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Qué soy en tus ausencias?
efímera
cuerda pulsada
por el viento.
Barco roto
en una playa sin destino
en las cartas náuticas.
Esperanza mutilada
en los laberintos tenebrosos
del Minotauro.
Grito que se torma mudo
en la hora de pedir auxilio,
en el mar picado
de rayos y centellas.
!Cómo quisiera
llegar a vos¡
hecho susurro
del viento,
para decirte
tantas cosas,
entre ellas:
que pos vos muero,
y sin vos soy nada.
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Supo que eran las cinco de la mañana exactas por el radioreloj digital, que lo despertó con su alarma de bipbips, zumbándole los oídos como abejorros enjaulados. No quiso levantar a la cucha, que roncaba en el otro cuarto con una respiración pedregosa, después de que se bañó bajo la fría regadera, que lo hizo estremecerse de manera violenta esa madrugada, como cuando le daban las tandas de escalofríos en los tiempos de aventura por las selvas del Chocó, en busca de los palos de chonta, que pagaban la comida, y estirando un poco, las cervezas y las putas en el bar Las Vegas de Mutatá.
Mientras se peinaba, mirándose en el espejo roto que colgaba de una paredes del baño, se acordó con pesar y nostalgia de Dayana, una mamacita la paisita Dayana. Esa sí sabía coger. La piel lisita, un jabón sin estrenar, y las teticas redondas como limones. Cuando le hacía el amor, sentía que me chupaba entre sus piernas. Sabía besar, me besaba, dándose una licencia conmigo, porque era su chulo, y me mordía los labios hasta hacérmelos sangrar. Mierda¡, me repetía, cómo lo quiero, guevoncito, hasta que la mató un malparido por celos, y yo tuve que quebrarlo también. Por eso me vine pa Medallo, a vivir de los muñecos. Entró de nuevo al cuarto. SE vistió de negro, se calzó las botas tejanas,se cintó la cuatromilimetros, se puso el chaleco y el casco, y al rato ya andaba por el mercado, buscando al tuerto Gil, su parcero. En todos los trabajitos era el que conducía la moto.
LO encontró chupando guaro, en una de las cantinas de mala muerte del mercado, con una peladita de esas que se ganan la vida de mamandocas. Apenas lo vio con la niñita, le entró una mala espina. Se lo dijo, hombre Nacho, no te metás con peladitas, son de mal agüero. Nacho la despidió con un beso, y le entregó arrugado en los dedos de ella, un billete de cincuenta mil pesos. Luego cogió la moto, a dónde parce? Subiéndose a la kabra, él, agarrá por los lados del Pueblito Paisa. Cuando llegaron, parquearon la moto a la entrada, pero de vuelta para Medallo. Nacho, me esperás aquí, tenela encendida. El matacho es el que está sentado en la fuente. Se Palpó debajo del chaleco la nuevemilímetros. Avanzó vacilante. Tenía miedo. ESo nunca le había pasado. Se echó la cruz, virgen de la Macarena que me vaya bien, y corone. Son cincuenta palos. Con eso le voy a comprar una casa a la cucha. LO tenía cerca. Le vio los bigotes de cerdas gruesas, los ojos azules. Se le parecía al tío Gabriel. Apretó la nuevemilímetros, y cuando apenas la levantaba para descargarla en el hombre de los ojos azules, éste ya le había soltado el cargador completo de su mágnum, tumbándolo de espaldas, y mientras la gente corría de un lado para otro, y se escuchaban las sirenas de la policía, le vino la imagen última dulcificada de su cucha Bendición, la tarde de ayer, cuando dejó escapar de su boca mueca una sonrisa de gratitud con él, porque al fin le había podido regalar la nevera de dos puertas que tanto ansiaba comprar para ayudarse en la pobreza haciendo helados de coco y leche.
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Sé que eres brisa
cuando el vapor de tu boca
alienta en mi nuca
fragancias de rosas encendidas.
Sé que eres lluvia
fina y fresca,
cuando presientes mis ausencias,
y las lágrimas ruedan por tus mejillas,
formando caminitos de cristal.
Sé que eres fuego,
cuando adentro de vos
siento tus humedades
hirviendo a lava
y magma de volcán.
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En la cabecera
su imagen
tutela mis sueños
de náufrago marino.
Veo en sus ojos de algas
y medusas,
un mar mediterráneo,
y echo a andar mis barcos y
veleros
por las aguas seguras
y serenas
que me llevan
a las costas de su cuerpo.
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Sé que en tiempos
de
almadías,
yelmos,
armaduras
y arcabuces.
De
salmos,
y
curas doctrineros.
Plomo
y cruces se fundieron
en
la tierra de quechuas
y
aymaras
cobrando la vida
de bravos guerreros.
La muerte,
señora de aldeas
y caminos
en los rastros de sangre
y de cadáveres
dejados a su paso.
Y los ayes repetidos
una nota grave,
en el clavicordio de la guerra,
tocada a duelo
por la derrota
de la defensa del suelo
generoso,
cosecha de pan diario.
Han pasado muchas lunas
y soles,
perdidos en la cuenta de los tiempos,
y en la patria recobrada,
la historia se repite:
el propio hermano, Alan
-!vaya paradoja¡-
reniega de su raza.
Ebrio de poder,
y ansioso de la tierra,
aprieta el gatillo nuevamente:
Bagua,
otra histórica matanza
de nativos indefensos.
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CRÓNICA DE UN MONTAJE TEATRAL : ÁRBOL CARNAL DE GESTUS-TEATRO
Veníamos madurando la idea de tiempo atrás. Cada vez que podíamos sacarle tiempo, Manuelito, mi filósofo de cabecera, a sus clases de Epistemología en la universidad, y a su compañera wayú, que quería tenerlo siempre en el arrullo de sus piernas torneadas esculturalmente por los vientos guajiros, y su piel bronceada por los soles del desierto peninsular, y yo, al tráfago de libros en la biblioteca del colegio y a las asesorías de literatura, tesis y otras vainas, nos sentábamos en el café Klaus, en medio de tintos (café negro), uno que otro aguardiente, y los Pielrojas humeantes de mi filósofo, a buscar un tópico dramatúrgico que remplazara a Los desvaríos del amor, montaje con una larga cola de cometa de presentaciones, que consideramos oportuno, con la celebración del Día Internacional del teatro, ponerlo en remojo.
Manuelito en esas tardes y noches en el Klaus, devanándose la cabeza, hombre, me dijo alguna vez, metámosle el diente al problema de los desplazados. Sé que ya lo has tratado en el libro de cuentos que publicaste el año pasado, en diciembre, pero en teatro no se ha tocado el tema. Recuerdo que le expresé, me suena la idea, y empezamos a camellar la interminable bibliografía sobre el tema. Manuelito airado, echaba madres sobre el montón de libros, y de soslayo, ahí, hay mucha mierda. Debemos categorizar los textos: nos sirven las crónicas sociológicas, y los reportajes. Realmente, entre los textos políticos, y sociológicos, a la mayor parte les faltaba rigor, y no daban una dimensión humana de la tragedia vivida por los actores del conflicto. Así es que se decidió, abordar las crónicas y los reportajes, sin dejar de leer uno que otro texto socio-político. Mi propósito era montar un guión con un personaje central que memorara los hechos violentos que lo motivaron a dejar la tierra. Manuelito, otra tarde o noche, me es confuso el recuerdo, mientras se metía entre pecho y espalda un doble de aguardiente, compa, en esta obra que va a ser suya, porque la va a escribir, como asesor que soy del Gestus-teatro meto baza en el asunto, meto baza en el asunto, ya gagueaba, por eso no sólo van a recordar los vivos los hechos, también los muertos, y me miraba tras sus lentes de culo de botella, con unos ojos de pez al otro lado del cristal de un acuario, ya lo dije, ya lo dije: las almitas también van a hablar, como hablaban en La maestra del maestro Enrique Buenaventura, y en Pedro Páramo de Juan Rulfo, y sentí muy cerca su tufo almizclado de cigarrillo y aguardiente, síntoma de que Manuelito era, ya presa de una borrachera, que ni sus tías burguesitas, si era que paraba en la casa de ellas (allí estuvo escondido el tiempo que los hermanos de la wayú lo buscaron para desagraviarla, por sus desplantes), menos la bella guajira, le iban a perdonar . Pero Manuelito, terminó en mi casa, eso si muy juicioso levantándose aquel sábado a preparar un delicioso desayuno: huevos pericos, tostadas con mantequilla y naranjada granizada (sabrá el putas donde consiguió las naranjas y el hielo).
Y claro, Manuelito se salió con la suya, las almitas hablaron: ellas introducen Árbol carnal, la nueva puesta en escena de mi grupo Gestus-teatro. Todos los fines de semana hasta julio estará en temporada, Árbol Carnal, en el entrañable Café Kussy-huayra. Y en cada función, Manuelito, asesor de Gestus-teatro, entra al cuarto que nos sirve de camerino, copa de aguardiente en mano, nos observa, mientras Karol Cuevas, la protagonista se enfrenta al espejo, apoyándose en Stanivlasky, para enriquecer el personaje de Brisa Coronado, la muchacha que tuvo que huirle a la violencia, cuando le mataron a su novio con el cual estaba en palabra de matrimonio, y dedicarse al oficio de puta para sobrevivir en la ciudad; EDer Chona, se maquilla y se apropia de los gestos más desapacibles para su papel de Sicario, y yo, me ajusto los lentes, el maletín, y la camisa de sol, que caracterizan al periodista,el papel blanco de esta historia. Y mis almitas, dónde están mis almitas, apura el aguardiente Manuelito. Y entran los pequeñines, las almitas de Manuelito, para aperturar Árbol Carnal, y contar de los tantos muertos y las fosas que son pan diario en Colombia.
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Sé que a esta hora
estarás dormida,
mientras
escribo estos versos.
Sé que mi nombre
se habrá podido
perder
entre los pliegues
de tu olvido.
Sé que decirte
te pienso podrá sonar
rídiculo, pero prefiero
el ridículo,
a decir
que no te extraño.
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