
Ni la distancia
ni el tiempo pondrán
ojos ciegos en la memoria.
Siempre habrá una luz
para tu recuerdo
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http://youtu.be/j4lvz_ijnew
LÁGRIMAS DE PIANO PARA BEBO VALDÉS
Conocí a Bebo Valdés por su hijo, Chucho Valdés, jazzista formidable con su grupo Irakere. Bebo toda una tradición de la música cubana, alto como una torre, fue de los que puso raíces en Cuba para la floración del mambo, el jazz latino, y toda esa música que en la descarga y el feeling, concita el espíritu de los amantes de una música antológica, que se aprecia y se vive con un temperamento de ritual.
Manos mágicas la de Bebo en el piano. Con él se podía estar en desacuerdo por algunas posturas políticas, pero nunca con su música. Genial acompañando al Cigala en Lágrimas negras, y Obsesión; en Sabor a mí con su hijo Chucho. Esas manos prodigiosas para arrancarle sentimientos a un piano, ya no planearán sobre un teclado de blancas y negras, que fueron el objeto de su pasión musical.

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Me quedé enredado en el dulce beso de sus labios dulces.
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ver cómo abre su boquita
valva de ostra,
agitarse sus pechos de uva frutecida
y encender sus ojos lunas llenas
cuando explota un universo
abajo,
en la gruta de su sexo.
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La noche tiene el olor de la ausencia
en los patios hay un silencio
que llena de angustia el alma.
La vida se ha detenido
en la mudez de los grillos.
Hay una luna tímida
que se oculta, entre las nubes.
Falta el beso suyo,
y su cuerpo desnudo a la noche
promesa de ternuras y pasiones.
Quizás vuelva la noche
a recuperar la vida
en la fogata de sus ojos,
a ponerle fuego
a estas tristezas mías.
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Página en blanco
Aquella noche, como siempre lo hacía, se sentó frente al computador. Abrió su blog, y experimentó por primera vez, él novelista baquiano de las letras, aquel terror de sus sueños repetidos, que le perlaba la frente de un sudor frío: ese miedo cerval a la página en blanco.
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La mirada
Desde el balcón la vio entrar al callejón. Era ella. El mismo taconeo de sus zapatillas, cuando la esperaba en el malecón, en eso de las seis de la tarde, y soñaban con treparse en uno de esos enormes barcos de crucero a recorrer el Caribe. Sí, era ella,con unos años más. Cuántos? Se le había perdido la cuenta, desde aquel viernes, que lo dejó esperando en la Taberna de los Galotes, y no volvió a saber de ella.
Agarrada de una mano la maleta, y en la otra afianzando el andar de un niño de cuatro años, la mujer pasó sin levantar la mirada, pero el niño sí, y vio en los ojos del niño, sus propios ojos grises y melancólicos.
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