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La Coctelera

LA JOROBA DEL CAMELLO

COMENTANDO LA CULTURA Y EL ARTE CON ESPÍRITU CRÍTICO

7 Febrero 2010

Supe que ella volvía, a pesar de los días de ausencias, y distancias. El aire del jardín, aquella mañana de un cielo incendiado de soles, y fragancias olía a ella: a naranjo en flor.

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28 Enero 2010

Desaparecidos*

La noche sin luna se hizo densa en el fluir de la niebla, y los cuerpos cayeron pesados al fondo de la fosa. Los baleados  pensaron milésimas de segundos, antes del balazo en la nuca, que sólo serían una historia para el olvido.

*Por los lados de La Macarena, acá en Colombia, acaban de encontrar la más grande fosa de desaparecidos.

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23 Enero 2010

La Casa*

Por el camino polvoriento,

voy,

mi carcaj cargado de memorias y aventuras.

Cruza en bajo vuelo,

el guañuz su sombra negra,

el sendero de mi retorno,

y en el aire detenido

el calor se hace una hoguera.

Vengo desandando las rutas de los mares,

en veleros de gavias desteñidas

por el sol,

la sal,

el yodo,

y el olvido.

He bajado en puertos,

-recuerdo de mujeres

odorosas a canela-

a donde la muerte

acechaba entre sus piernas

- lunas congeladas-

de traición y de perfidia.

He parado en el lugar

donde los niños mataban el hambre

con sopas papel,

y hoy toman de la mesa,

hogazas de pan:

han tumbado la estatua del tirano.

La casa está cerca,

el camino se abre

a sus anchuras,

olfateo sus ladrillos cocidos

como el pan candeal

en hornos de amor a la arcilla.

Su puerta de roble ennoblecido

en el riñón de la montaña,

los ventanales viendo el cielo,

y el sendero,

que es mirar al mundo.

Adentro sus cuartos y pasillos

espaciosos ,

preñados de un pasado de leyenda

-patasola y madremonte-

contado por abuelos bravos

descuajadores de peñas

y montañas.

¿A dónde la prima,

- despuntaban sus pechos-

que me dio el primer beso,

y se fue sin decirme nada?

¿A dónde el viejo aquel,

-hablaba con los árboles-

que me enseñó a guardar sus esencias,

fragancia de mis primeros amores?

A dónde la mujer,

-mariposa desnuda revoloteando

en los cuartos de los hombres

mayores-

que satisfizo en su cuerpo perfecto,

mis primeras ansiedades?

He terminado la jornada, y

ahí está la casa...

pero...

¿qué se hizo

aquella la imponente

alzada al sol,

y a la rosa de lo vientos

como un barco guerrero

que navega en tierra,

y no este triste muñón,

donde la hiedra y el abandono

manchan de negro los recuerdos?

* El poema hace parte de: Vuelven los comuneros: "poesía...salve usted la patria. IIII Encuentro universal de escritores,  en Santander-Colombia. Antología. Fundación País Sin Fronteras, p.87.

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17 Enero 2010

Antología poética del III Encuentro Universal de Escritores

Uno de los eventos más relevantes del 2009, que tuvo al departamento de Santander, y específicamente a Bucaramanga,la capital, y su Zona Metropolitana (Floridablanca, Girón y Piedecuesta), como núcleo del certamen, fue el III Encuentro Universal de Escritores.

La poesía como rezaba el leit motiv de este encuentro, tuvo la palabra, teniendo como trasfondo, la memoración de uno de los movimientos preindependientes, la Revolución de los Comuneros, que se dio en estas tierras ariscas de Santander, en la postura de un Antonio Galán, que no quería reinvindicaciones ante la protesta popular por la instauración de nuevos impuestos en tiempos de la Colonia, sino la autodeterminación política. Por eso no sólo lo colgaron, sino que para escarnio público, su cuerpo fue desmembrado y repartido en diferentes poblaciones de Santander. Pero no bastó esto, en la execrabilidad de las autoridades españolas de la época, y su casa fue, también, salada.

Como se observa, poesía y gesta histórica fueron fundidas, para darle al certamen el carácter de recuperación de la memoria, y gesto emancipativo con la escritura de la palabra hecha versos, porque qué acto más liberador que el imaginario dándole rostro a la poesía.

Por Argentina, estuvieron en este encuentro, que la directora ejecutiva de País Sin fronteras, entidad organizadora del evento, asumió como "voz liberadora de la poesía de países hermanos, para entonar al unísono en Colombia la canción que exige el empeño inconmensurable de la paz latinoamericana", las voces de Celina Garrido, Susana Lobo y Marcela Predieri; por Perú, el poeta, Marino López Ruiz. Méjico estuvo representando en la poeta, Clara Montoya. Chile en los bardos: Luis  Arias manzo, David Altamirano Hernández y Mario Encalada castro; Alejandra Segovia, por Venezuela; Tim Cloudsley por Inglaterra. Entre los poetas colombianos nacionales, Leopoldo de Quevedo (Valle), Angela Penagos (Antioquia), Lizneira Roncancio (Arauca), Pedro Nel Rojas (Tolima), Maricela Botero (Antioquia, Natalia cruiz (Quindío), Gloria medina Jiménez (Valle), y Conrado alzate (Caldas), y por el departamento de Santander, el anfitrión, Sonia mada rios, Idania Ortiz, Antonio Acevedo, Cecilia urrutia, Natalia londoño, I(sabel Martínez, Claudio anaya, JOsé Ramiro Flores, Gabriel Ayala, Luis carlos Orozco, Javier félix, José Rueda Ardila, y quien esto escribe, Carlos Augusto Pereyra Martínez (argivo).

Recién, acaba de salir la antología de este III Encuentro Universal de Escritores, Vuelven los comuneros,"poesía, salve usted la patria", y realmente es un placer estar en ella, pues se comparte la construcción del versos con poetas de otras latitudes con experiencia y oficio, que muestran que el verso no es artificio, es sensibilidad, gesto herido ("si pudiera arrancar/ el corazón de mi pecho, Celina garrido), ojos húmedos por el llanto "(lloran como cualquier mortal, Marcela Predieri), pasión ilímite(viví por ella y áun después de la muerte la seguiré amando, Mario encalada), respaldo ético(bien sabe la negra /que no se encuentra sola, Natalia Cruz), asombro de piel desnuda de mujer (desnudar una mujer /es como descubrir un paraíso, Antonio Acevedo), símil de ciudad y mujer (yo amaba la ciudad/ tanto como a tu cuerpo, Claudio Edgar Anaya), y el retorno donde los recuerdos queman la memoria ( vengo desandando la ruta de los mares,/ en veleros de gavias desteñidas/por el sol, /la sal, /el yodo,/ y el olvido, Carlos Augusto Pereyra M.)

No quedan dudas :     encuentro   y antología, tienen un nombre: Hernando Ardila González, poeta y abogado, que como Director General de este certamen, logró otro de sus sueños: convocar a poetas de diferentes puntos de la rosa de los vientos, para que a cambio de disparar balas, dispararan poemas de hermandad. Por eso, los ministros de Relaciones exteriores, deberían ser hacedores de versos, antes que políticos.

 

 

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14 Enero 2010

Cardúmenes

Cardúmenes.


Supe que era ella, cuando detuvo un instante la mirada en la ventana del bar, y sus ojos eran mares de cardúmenes de peces vivos.

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10 Enero 2010

Cómo extraño

Cómo extraño

Cómo extraño
la saliva
de tus besos,
en estas horas
de desierto
cuando estás tan cerca,
pero también tan lejos.
Ansío la humedad de tu boca,
para calmar esta sed
que es angustia
y ansiedad,
y quema adentro,
como la peor de las hogueras

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28 Diciembre 2009

Una canción de Bob Dylan me arrancó estos versos


En el viento que trae

el humo de los cañones,

abriéndole boquetes de muerte

a la vida;

en el susurro de las aves agónicas,

junto a las fosas del olvido;

en los ayes de los bosques

talados,

mientras se aparta la niebla;

en el dolor de una patria

que se desmorona

en la traición y la mentira;

en la orfandad de mi alma,

sin brújula ni astrolabio

me llega esta angustia

que revienta los sueños y utopías

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23 Diciembre 2009

Cronica de viaje: Betulia, paraíso yariguíe

En Colombia hay tres toponímicos de Betulia: uno en la Costa, otro en el departamento de Antioquia, y el Betulia, de la tierra nuestra, que nos aprestábamos a visitar. No es extraño que haya tres Betulias -le escuché decir a Manuelito en eso de las seis de la tarde, del 18 de diciembre, en el corsa de mi hermana Luzmarina, cuando emprendíamos la marcha rumbo al sur del departamento-, si fueron los mismos españoles los que conquistaron y colonizaron éstas tierras a sangre y fuego y las evangelizaron a punta de biblia, cruz y curas doctrineros. Entonces le solté que Betulia debía responder a un nombre biblíco. Claro, de ahí lo tomaron, de la Biblia-adujo Manuelito, que había estudiado el bachillerato en el seminario para ser cura, pero terminó de Filósofo en una universidad pública, contra el querer de sus tías ricas, que siempre pensaron para su sobrino una profesión de más caché social-. En el libro de Judith, se nombra una ciudad similar a Betulia, remató mi filósofo de cabecera.

En el trayecto de Guatiguará a Chocoa, por carretera destapada (huecos y polvo en cantidades industriales), calentamos baterías con whisky vivo, puro. En el primer sorbo, sentí que me quemaba los entresijos, como si una sanguijuela me mordiera adentro del estómago. Manuelito, empalideció, este whisky está más bravo que mi mujer la wayú, soltamos entonces, una carcajada estruendosa, en el mismo momento en que una ráfaga de polvo ensopaba los vasos de plástico con restos de whisky aún. En el camino ya se sentía la alegría decembrina.

.

En Chocoa, en el municipio de Girón, el frontis de la iglesia iluminado y la gente reunida afuera, pensamos, hablaban ya de los aguinaldos y la novena. Paramos a dejar el registro del momento. El flash de la cámara incendió la noche. Los parroquianos volvieron a mirar temerosos. Estaban reunidos, por otros menesteres, nos habíamos equivocado por otros menesteres: no quieren que en estos lados les acomoden un relleno sanitario. que contaminará sus fundos y predios rurales, el aire ya no será el mismo, aspirarán mierda y tóxicos, habló manuelito, mientras se aplicaba hasta el fondo un amarillo, como él llama al whisky. Teníamos que aligerar el paso, pues en Betulia, otra hermana, la Juez Municipal, nos esperaba.

Más adelante de Chocoa, un buen trayecto de carretera pavimentada, los ojos puestos en el campo, no queríamos perdernos de ningún acontecimiento: el salto de una liebre, de un conejo silvestre, el estridular de las chicharras, o el canto de los surrucucus, lechuzas,  búhos,  o como les dicen en la costa, mochuelos. La noche también tiene su vida en el campo.

Abajo se quedaba el río Suárez, estrechado por los playones y el verano, mientras ascendíamos a Zapatoca, llamada la Ciudad Levítica, por el cultivo de seminaristas (hoy allí no se cocinan ni para remedio). Zapatoca, ahora es la ciudad antiestrés, pueblo apacible, de clima benigno (fuerza el abrigo por el frío), que aspira a

 

vivir del turismo, y quizá de los pollos de doña Leonor Serrano, quien ha hecho vida política en Bogotá, y ahora ha llenado de galpones las vecindades rurales de Zapatoca, como para recordarles a los zapatocas, que ella lo sigue siendo, porque vuelve por sus fueros, sin dejar a Bogotá, al traerles pollos, gallinaza y mierda contaminante, en cantidades industriales. Por lo menos, los zapatocas, no pueden quejarse en adelante: los pollos de doña Leonor, les hacen el favor de levantarlos bien madrugaditos con su sinfónico piar. Ya no necesitarán de relojes o celulares despertadores.

La carretera a Zapatoca, tiene trayectos sin pavimentar, soportables. De Zapatoca a Betulia, empinándose para luego descender al pueblo traganubes, la carretera es destapada. Se come polvo hasta por los codos. Pero el

paisaje es impresionante, con las especies vegetales nativas, embellecidas por la niebla, cuando las nubes bajan, a darse de besos con las montañas. Betulia está encajonada; la impresión que da cuando se observa de día desde los éjidos de entrada, es que es un pueblo de casas regadas monta abajo que algunas tienen que agarrarse de las laderas para no trastabillar. Cinco mil almas repartidas, entre gente urbana y rural, de espíritu agrario, y ahora fincando su destino en el turismo. El anillo turístico que se proyecta, partiendo de Bucaramanga (la capital del departamento), pasando por Zapatoca, Betulia, Galán, La Fuente, y el Socorro, bordeando la Hoya de Río Suárez, es la esperanza del pueblo traganubes, no sólo para que no se lo coma el

tigre del abandono, sino para que se conserve su fauna y flora nativas. Por lo que no es raro que se mantenga la hacienda de Montebello, legendaria por la figura de Leo Von Lengerke, que se vino de Alemania, por un duelo amoroso, y entró a Colombia Magdalena arriba, bajándose en Barrancabermeja, en tiempos de La colonia,(siglo XIX) para levantar su señorío en estas tierras de Zapatoca y Betulia, sembrándolas de caminos de piedra, y puentes colgantes, como ingeniero que era, y dejando su simiente en los cuerpos de las hermosas nativas, como buen padrón que también era, rió Manuelito con el apunte, mientras se fumaba un mentolado, y que no resistían el embrujo de sus ojos azules, me dije para mi coleto. Por eso, en estas tierra prima un dicho: ojiazul, descendiente seguro del culión Leo.
Betulia, fue territorio de los indios guanes y yariguíes. Estos últimos belicosos y aguerridos. Por eso no extraña que se hayan encontrado tumbas en sus montañas. De ahí, el cementerio indígena, que bordea el llamado Salto Blanco, donde Otoniel, soberano de estas tierras, con paciencia benedictina, ha abierto las tumbas para resguardar la memoria de las culturas aborígenes, encerrándolas en especies de bohíos; construído senderos, levantado puentes en guadua, entechándolos en paja y palma, y conservado las especies nativas

de estos lares, surcados por nacimientos prístinos de agua, que van al despeñadero a nivel, donde se vuelven chorros níveos, ante la mirada deslumbrada de quienes aún tenemos respeto por el mundo natural, en estos tiempos postmodernos, neoliberales y de globalización, donde sólo importan la competencia, la explotación de los recursos sin razón ni piedad, y el consumo desmedido. A Otoniel quedé de mandarle La Otra raya del Tigre, la novela de Pedro Gómez Valderrama, el narrador de más vuelo y universalidad de Santander, que recogió desde la fabulación la mítica figura del alemán Lengerke.
Aún en betulia se siente la candidez de las gentes. A uno le queda la impresión, que en esta comunidad de calles empedradas, donde se respira aire puro, y la tierra huele como lo decía el filósofo envigadeño, el brujo de otraparte, Fernando González, a mierda de vaca, es porque aún, eso que llaman ahora competencia y 

productividad, no ha destruído el alma de los betulianos. Todavía, aquí se hacen favores, y se cree en la palabra empeñada. Quizás por eso pervive un espíritu quintaesencialmente humano. Vivir aquí, no sé, por qué

 me trae a   la memoria la aldea naciente de Macondo de Cien Años de Soledad. Aquí, antes que lo que se vive en las ciudades,de estar asistiendo a un echar a pique las cosas que nos hablan de nosotros y nos dan rostro, se experimenta un recobrar la materia de lo que estamos hechos los santandereanos: franqueza y lealtad.

El domingo veinte, liando bártulos, para el retorno, mientras las nubes, caían tras pausas cortas, sobre el pueblo y las imponentes montañas vecinas, ya empezaba a matarnos la nostalgia, que nos dio por preguntar el valor de las casas, con sus fachadas pintadas de vivos colores, y adornadas de maceteros de flores de matices diversos. No quedaba sino el regreso. Lo grato es tan breve...pero no había de otra: volver a la ciudad con su fauna de carros,y buses, vomitando por sus exhostos CO2. El ceño se nos frunció, habíamos perdido la euforia del viernes cuando en medio de los whiskys, la salsa de Joe Arroyo, Willie Colón, y Fruko Tesos, sentíamos viva la aventura de Betulia.

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Un apasionado de los libros y la escritura literaria desde el ensayo, el comentario, la crítica, la novela, el cuento y la dramaturgia. Dirijo Gestus-teatro, revista La Medusa, y la tertulia poética, Tras las huellas del poema. He publicado: Ha llegado la hora (cuentos, premio UIS)); La Candelaria: identidad cultural, dramaturgia nacional (Entrevista y ensayo a cuatro manos con Álvaro Ramírez Ortiz); La sombra de la máscara (cuentos). La saga del último de los duros (novela); Antología: Primer concurso metropolitano de poesía: ganadores y finalistas. Bucaramanga: Instituto municipal de Cultura, y Páginas de Arena (poesía, junto con Mariela Basto, Juan Remolina, y Óscar Delgado)

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